
Desde tierras, bañadas por el Éufrates.
Y regadas por el Tigris.
Si en oriente.
En esa tierra entre ríos. Por Isthar… dicen que muy fértil.
Tierra santa, de fértil limo… y de buen vino. Para quienes visten el caro lino.
El hombre pago por su error. Y por todos lados su descendencia se rego.
De desafiar a los cielos…
Llego a ser conocida por babel… la confusión. De los muchos milenios.
Desde allí emergió, un panteón diferente a cada nación.
Y en ellas a cada llanura baja, o región.
Su legado no se perdió.
Con la confusión. Los hijos de babel. Se esparcieron
Por doquier. Con sus mitos.
Si aquellos que en plazas del mercado, templos, y relatos. Comentaban los antiguos.
Se esparcieron.
Y llegaron a ser como la oscuridad en el crepúsculo
Que se apodera, de la luz sobre colinas
Montañas y sus simas.
Como una lúgubre, peste.
Infecto las heridas. De una humanidad
Cada vez por reyes más suprimida. Y por guerras, deprimida.
Este fue el punto crucial.
En el cual la verdad se convirtió en algo más artificial.
A la esperanza se le dio precio.
Y a la libertad se le vistió de prendas color irreal.
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