
La soledad II
La soledad nos cubre, nos arropa...
No nos deja ver más allá, de su velo de oscuridad.
No nos deja ver la luz, ni a una hermosa flor... pues a sus vivos colores los a tergiversado hasta parecer irreconocibles.
Y aunque no sea una condición invencible. Si es agobiante...Pues nos arrebata la esperanza, nos nubla el horizonte.
Nos desvanece nuestras maltratadas almas gimientes... Con ese frio, con esa hambre de carisias. Con ese anhelo de besos…
Con ese sueño que espera cumplirse, con esas palabras que añoro oírte, Con esos pensamientos hirientes.
Que nuestra propia mente genera, y que la realidad alienta. Así es la soledad. Así es el amor, y la soledad. Combustible para el dolor...
Pues nuestra pasión es un fuego... Que al no ser saciado consume nuestra alma, en desesperación, odio y a veces rencor, nos nubla la vista, nos extingue la alegría.
Pero aun así nunca olvidamos la palabra amor. Ni lo que sentimos en nuestro corazón.
Y aunque queramos, vemos inconcluso nuestros sueños, pues no se puede escapar de la oscuridad, pues es el habitad ideal de nuestra realidad.
Donde germinan los dolores, y se fecunda la terquedad. De almas abatidas por el frio y la soledad.
Y esa soledad es ese ser viviente y letal, que se alimenta de nuestras fuerzas vitales, atrincheradas en los rincones de nuestra esperanza triste y acumulada.
Entre los barrotes de la luz oscurecida, la voz en silencio… y la flor del edén olvidada.
Pues la soledad oscurece nuestras vivencias memorables, e invita a su amigo y aliado el olvido… el príncipe sabio y perdido…
que oculta todo lo que sabemos y oscurece todo lo que creemos.
Y con sus mandíbulas nos arranca los recuerdos, y siembra lamentos en su lugar.
Nos deprime la esperanza, nos deja sin templanza.
¿Oscuridad como escapar de ti? ¿Cómo sonreírle a este abismo sin razón, ni principio ni fin?
Pues es muy difícil, sin pensar en lo imposible. Pues el sentimiento y condición más bella del alma, el amor…
Es indolente y no mira, ni piensa, ni prevé… lanza sus flechas encendidas e hirientes. Enciende nuestra vida de pasión y nos deja vacios y carentes. Pues amamos. Y no nos encontramos, soñamos…
Pero nunca nos besamos… quizás nos pensamos. Pero nunca nos hablamos. Y si llegara el momento, se nos van las palabras, y nos quedamos encerrados en este interminable drama.
El amor nos roba la razón, nos desagarra el corazón. Para luego volverlo a construir…
Para así de su sangre derramada, beber y volver a reír. Amamos por que nos enviciamos, y necesitamos amar…
Por que siempre luchamos por algo que nos hace ilusiones soñar. Y con caricias nuestro corazón volver a rapar.
Ω
Iván la voz dormida, liosberi verdande 15/04/2010
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